martes, 22 de septiembre de 2009

Para Alfred Fischinger

Al combinarse las notas del canto de las aguas
con el gorjeo de las aves se escribió
una melodía que forjó
un alma fuerte, tierna y fiel
que dejó remontar sus ideales
sobre las cumbres de los Alpes
mientras entonaba un himno a la vida.
El vendaval de la guerra
bruscamente la silencio,
extirpó y desterró.
Sangre empapó el pentagrama.
Los días se saturaron de penurias
y las heridas supuraron
sin remedio, sin alivio.
Purificada el alma por el sufrimiento
resplandeció con destellos divinos.



Maria Fischinger @2008

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