lunes, 2 de agosto de 2010

Vršič


Después de tener la Villa completamente vacía por dos semanas, se nos presento la oportunidad de arrendar los tres apartamentos a personas que habían estado con nosotros anteriormente y con los hemos establecido lazos de amistad por lo que deseábamos acomodarlos en sus vacaciones. Decidimos irnos nosotros de vacaciones a las montañas, al área de Vršič.  Al llegar a la primera cabina del área y tratar de estacionar el carro detrás del edificio, un hombre de mediana edad salió a indicarnos que no podíamos estacionar allí.


-Nosotros tenemos reservaciones por cinco días, respondió Tomaz

- ¿A qué nombre?


- Fischinger, Tomaz y María Fischinger


-No, Uds. no tienen reservaciones aquí.

Tomaz saco sus notas y mostro el número y el nombre de la persona con la que hizo la reservación.

-Oh, esa cabina está arriba. El camino esta clausurado, solo se puede llegar allí a pie. Toma quince minutos para llegar a ella.


Así que con las maletas a cuestas empezamos a subir la pendiente hacia la cabina. Debo aclarar que cuando un esloveno dice que se puede llegar a un punto en quince minutos, eso para mí, la peruana mal acostumbrada a caminar en carro, es casi una hora de caminata y eso ahora tendría que aumentarle el peso de la maleta. Tomaz aun con su pierna adolorida, hace unas semanas se lastimo una rodilla al pisar mal, se perdió de vista en los recovecos del camino. Es imposible perderse cuando solo existe un solo camino.
Al llegar a la altura de la joven pagana (Ajdovska Deklica), el camino se dividió en tres direcciones. Uno iba hacia una construcción de cemento usada durante la primera guerra mundial, el segundo era una senda angosta, Tomaz no yo estaba a la vista y con solo pensar el tiempo que perdería al tomar el camino equivocado me encogí. Mire el suelo y vi las huellas de las ruedas de la maleta y seguí ese camino que me llevo a la cabina donde teníamos las reservaciones. La vista de las montañas desde el punto me dejo sin aliento.

Nuestro cuarto era diminuto, la cama ocupaba todo el espacio pero todo estaba impecable. Tomaz cambio el cuarto por otro que acomodaba tres personas y tenía también un escritorio. Sería la segunda vez que dormiríamos en una cama camarote. La primera vez fue durante mi luna de miel en el barco que navegaba el Lago Titicaca entre Perú y Bolivia.

A nuestro alrededor las piedras desnudas se alzaban erguidas y las nubes cubrían las cumbres puntiagudas. Las flores azules y amarillas abrian sus corolas agradeciendo al sol mientras que sus raíces se aferraban a la pura piedra y el aire puro era reconfortante.


Paz, silencio y belleza prometían saturar mis próximos días.

Me alegro mucho ver tan bien conservado el medio ambiente.

2 comentarios:

EMMuñoz dijo...

El ambiente de montañas y de valles
son las vistas mas hermosas por grandiosas,
son rosales que nos muestran bellas rosas
adornadas de colores y detalles.

Eso muestras, Maria bella amiga,
en el blog que has montado con tu arte,
con placer es divino visitarte
y un piropo que te dejo y que me obliga.

Que me obliga a mostrar emocionado
la belleza de Eslovenia y sus colores
rodeado de pasiones y de amores.

Volvere a visitarte nuevamente
pues aprendo de tu arte la alegria
y el gozar de la hemosura eternamente.

Emilio.

Maria Fischinger dijo...

Emilio
Gracias por la visita, me guardo tus palabras en el cofre de recuerdos.
Un beso
Maria

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